El video muestra un momento en el que la ex bailarina escucha la música y empieza a mover sus brazos como si nunca hubiera dejado de bailar.
Una mujer en silla de ruedas, con Alzheimer avanzado, escucha los primeros acordes de El lago de los cisnes y de repente, sus brazos comienzan a moverse con delicadeza. Ella no habla, no reconoce a quienes la rodean, pero su cuerpo recuerda y también baila.
La protagonista de este momento es Marta Cinta González Saldaña, ex primera bailarina que brilló en escenarios internacionales durante los años 60. El video fue grabado en 2019 dentro de una residencia y difundido por la organización Música para Despertar, dedicada a trabajar con pacientes que padecen demencia.
Lo que ocurrió en esos minutos sigue conmoviendo al mundo: al escuchar la música de Piotr Ilich Tchaikovsky, su cuerpo reaccionó casi de forma automática, replicando la coreografía con una precisión que sorprendió incluso a especialistas. La escena se viralizó en 2020 y se transformó en un símbolo del poder de la memoria emocional.
Marta falleció poco después, en marzo de ese mismo año, pero dejó una imagen imposible de olvidar: la de alguien que, aún en medio del deterioro cognitivo, pudo reconectar con lo más profundo de su historia a través del arte.
En el marco de la Semana Internacional de la Danza, la historia vuelve a tomar fuerza.
Para la profesora de danza Cristina Castro, el impacto es integral. “El movimiento conecta mente, cuerpo y espíritu. Cuando bailamos liberamos endorfinas, que son las hormonas del buen humor, y eso cambia completamente cómo nos sentimos”, explicó.
Además del impacto emocional, bailar tiene efectos concretos en el cuerpo. Mejora la salud cardiovascular, fortalece músculos y huesos, y ayuda a mantener el equilibrio, algo clave con el paso de los años.
“Muchas veces sentimos dolores, pero cuando nos movemos, eso cambia. Las articulaciones necesitan movimiento. En adultos mayores, con el acompañamiento adecuado, bailar puede reducir mucho el dolor”, explicó Castro.
También hay evidencia científica que respalda sus beneficios en la salud mental: mejora la memoria, eleva la autoestima y ayuda a reducir el estrés y la ansiedad. Incluso, distintos estudios señalan que puede contribuir a ralentizar el avance de enfermedades como el Alzheimer.
La historia de Marta lo refleja con una fuerza difícil de explicar con palabras. Como resumió la propia docente: “No podía recordar a nadie, pero esa música sí. Ahí aparece la memoria emotiva. Es increíble hasta dónde llega el alma”.