La viuda de Pablo Escobar visitó Mendoza y reveló cómo logró sobrevivir al miedo, la violencia y la tragedia

La viuda de Pablo Escobar visitó Mendoza y reveló cómo logró sobrevivir al miedo, la violencia y la tragedia

En su paso por Mendoza, Victoria Eugenia Henao , la mujer que estuvo casada con Pablo Escobar, habló de su vida junto al narcotraficante, del miedo que todavía la acompaña y de cómo logró reconstruirse lejos de Colombia.

La presencia de Victoria Eugenia Henao, viuda de Pablo Escobar, despertó interés en Mendoza. A más de tres décadas de la muerte del líder del cartel de Medellín, la mujer que estuvo casada con él desde los 15 años habló de su historia atravesada por el miedo, la violencia y la necesidad de sobrevivir.

Henao, quien hoy prefiere mantenerse alejada del impacto mediático, recordó cómo comenzó su relación con Escobar cuando ella era apenas una adolescente y él tenía 26 años. Su familia nunca aceptó el vínculo y debió escaparse de su casa para casarse. “Yo nunca estuve involucrada ni opiné sobre sus actividades. Me dediqué a mi familia y a educar a mis hijos”, relató.

Según contó, ni ella ni el propio estado colombiano comprendieron la magnitud del poder del narcotraficante hasta 1984, cuando fue asesinado el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. “Ahí empezamos a tomar dimensión de lo que se estaba viviendo”, recordó.

Con el paso del tiempo, asegura haber entendido que fue víctima de distintos tipos de violencia. “Me casé muy chica y quedé viuda a los 33. Confundí mucho los mandatos de la iglesia, el estar al lado del marido en la adversidad y los silencios”, expresó al reflexionar sobre su pasado.

El momento en que murió Escobar: “Fue un alivio”

Cuando le preguntaron qué sintió al enterarse de la muerte del narco en 1993, no dudó: “Fue un alivio. Sentí que íbamos a poder conservar la vida y vivir en paz”. Tras ese episodio, tomó la decisión de abandonar Colombia junto a sus hijos.

Desde hace 32 años, Henao vive en Buenos Aires. Sin embargo, asegura que el miedo no desaparece. “Después de tantos años escapándole a la muerte, el cuerpo queda marcado. A veces en la calle alguien me detiene y me muero del susto”, contó.

Ya instalada en Argentina, adoptó el nombre Isabel Santos para protegerse. “Fue la única salida. Ningún país quería recibirnos por la historia de Pablo. Teníamos todas las puertas cerradas. Yo me tenía que ir del país para proteger mi vida”, explicó.

Cuando le preguntaron si alguna vez se sintió culpable por el accionar del narcotraficante, fue categórica: “Mi papel fue ser madre y esposa. Tuve mucha falta de conciencia de lo que ocurría, de la guerra. Pablo se victimizaba mucho”.

Hoy asegura que vive como una persona “común”, trabaja todos los días y encontró una forma de resignificar su historia dando charlas y talleres sobre cómo sobrevivir a la tragedia. También escribe libros en los que narra su experiencia lejos del poder y del horror que rodeó al narcotraficante.

“Podés tener una casa hermosa, pero si no podés apoyar la cabeza en la almohada con paz, nada tiene sentido”, reflexionó.

Desde la muerte de Escobar, tomó la decisión de no volver a formar pareja. “Me enamoré de los libros. No quiero hacerme cargo de lo que otra persona haga”, confesó. Y afirmó que jamás volvió a enamorarse.

A pesar de la oscuridad que marcó su pasado, hoy insiste en dejar un mensaje: No pierdan la esperanza. Siempre hay otra manera de habitar la tragedia y de ver que hay que volver a mirar, uno no se puede enceguecer por la tragedia que le está sucediendo en ese momento”.

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