La reducción en la matrícula escolar ya se refleja en el nivel inicial y obliga a reorganizar salas y funciones docentes, mientras las provincias buscan estrategias para sostener la calidad educativa.
La disminución de la natalidad es un fenómeno que desde hace décadas preocupa a especialistas en todo el mundo. En Europa comenzó a observarse con fuerza en los años 70 y 80, y recién en el siglo XXI se trasladó con claridad a Latinoamérica. Hoy, las cifras de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) confirman una caída significativa en la natalidad en la última década y con una tendencia generalizada: menos nacimientos y, en consecuencia, un futuro con menos estudiantes en las aulas.
El especialista Alejandro Castro Santander advierte que este cambio no puede analizarse únicamente desde lo económico. “Se trata de un cambio de época”, señaló, aludiendo a factores sociales, culturales y filosóficos que atraviesan a las sociedades modernas. Según él, la pregunta central es “¿cómo reconstruir un mundo que valga la pena para traer hijos?”, ya que la falta de capital humano amenaza con envejecer las poblaciones y reducir el recambio generacional.
En el ámbito educativo, la baja natalidad abre un debate complejo. Por un lado, se plantea la posibilidad de una educación más personalizada gracias a la reducción de alumnos por docente. Sin embargo, Castro Santander advierte que esta visión es ingenua en sistemas que sufren de falta de presupuesto. La UNESCO recomienda destinar al menos el 6% del PBI a educación, pero en Argentina se habla de menos del 1%, lo que obliga a fusionar cursos y repensar el rol de los docentes.
La Dirección General de Escuelas de Mendoza confirma que el impacto ya se percibe en el nivel inicial. La provincia reconvirtió salas de 4 y 5 años en salas de 3, y hoy cuenta con más de 300 espacios que reciben niños desde los 45 días hasta los 3 años. El objetivo es aprovechar los recursos sin cerrar establecimientos, aunque reconocen que en los próximos años la baja matrícula alcanzará al nivel primario.
Frente a este escenario, las autoridades educativas trabajan en la redefinición de funciones docentes. La idea es que los maestros que queden disponibles acompañen a estudiantes con trayectorias débiles, reforzando aprendizajes de manera individual. Se busca así transformar la reducción de cursos en una oportunidad para mejorar la calidad educativa, aunque el desafío presupuestario sigue siendo central.
El concepto de “invierno demográfico” aparece como una advertencia global. Menos nacimientos implican menos futuros profesionales: mecánicos, carpinteros, abogados, ingenieros y docentes que no tendrán reemplazo. Al mismo tiempo, la irrupción de la tecnología y la inteligencia artificial plantea un mundo donde la mano de obra tradicional podría ser menos necesaria, aunque persiste la preocupación por la falta de mirada hacia el otro y el debilitamiento de la convivencia social.
Con menos alumnos y menos recursos, el desafío será garantizar aprendizajes de calidad, reconvertir el rol de los docentes y construir un sistema capaz de responder a un cambio de época que ya está en marcha.
Mirá aquí la entrevista completa a Alejandro Castro Santader: