A 176 años de su muerte, la figura de José de San Martín vuelve a interpelar por su legado militar, su defensa de la educación y su decisión de liberar pueblos en lugar de conquistarlos. Un historiador repasó cómo fueron sus últimos años, sus enfermedades y el deseo que mantuvo hasta el final de regresar a Mendoza.
Cada 17 de agosto, Argentina recuerda el paso a la inmortalidad del general José de San Martín, una de las figuras centrales de la historia de la independencia sudamericana. A 176 años de su muerte, su vida vuelve a ser revisitada no solo por sus hazañas militares, sino también por sus ideas, su austeridad y el profundo vínculo que mantuvo con Mendoza.
Durante una entrevista en Noticiero 9, el historiador Armando López repasó distintos aspectos de la vida del Libertador y destacó una característica que, según sostuvo, permite dimensionar su figura: San Martín fue un libertador y no un conquistador.
El hombre detrás del general
La imagen tradicional de San Martín suele estar asociada al uniforme militar, el caballo y el cruce de la Cordillera de los Andes. Sin embargo, su trayectoria tuvo también una importante faceta civil e intelectual.
Según explicó López, San Martín fue un hombre profundamente instruido y un gran lector. Desde España llegó con una biblioteca personal de alrededor de 700 libros, que lo acompañó en distintos momentos de su vida y que incluso fue trasladada durante sus campañas.
El historiador recordó una de las frases que se le atribuyen al general y que resume buena parte de su pensamiento: “Una biblioteca vale más que mil ejércitos”.
Durante su gobierno en Cuyo, San Martín también impulsó la educación y entendió que la formación de la población era fundamental para construir una sociedad libre.
El Ejército de los Andes y el cruce de la Cordillera
El cruce de los Andes de 1817 fue el punto culminante de su carrera militar. San Martín tenía entonces alrededor de 39 años y ya acumulaba una extensa experiencia en los campos de batalla.
López destacó además la composición del Ejército de los Andes y la participación de soldados afrodescendientes, que representaron una parte importante de aquella fuerza.
El historiador definió al ejército organizado en Cuyo como una fuerza con una preparación excepcional, producto de una planificación que involucró no solo a Mendoza, sino también a San Juan y San Luis.
Para López, el cruce de los Andes constituye una de las mayores hazañas militares de la historia y supera, por sus características, otras grandes campañas de la antigüedad y de la era napoleónica.
Un militar que comenzó su carrera siendo adolescente
San Martín ingresó a la carrera militar cuando tenía apenas 15 años. Por entonces, Europa era escenario de numerosos conflictos y el futuro Libertador participó en enfrentamientos contra españoles, ingleses, portugueses y fuerzas musulmanas.
Esa extensa experiencia militar terminó siendo fundamental cuando, décadas después, diseñó la estrategia para liberar Chile y Perú.
Pero su vida estuvo marcada también por las enfermedades y las heridas. López recordó que San Martín padeció reuma, problemas gástricos y episodios en los que llegó a vomitar sangre. Durante el cruce de la Cordillera tuvo que ser trasladado en camilla en algunas oportunidades.
A lo largo de sus campañas fue incluso dado por muerto en dos ocasiones. Pese a esas dificultades, llegó a los 72 años, una edad avanzada para los estándares de aquella época.
Por qué San Martín terminó viviendo en Francia
Los últimos años del general estuvieron lejos de la Argentina. Sin embargo, según explicó López, San Martín tenía un fuerte deseo de regresar y vivir en Mendoza.
El historiador recordó que el Libertador añoraba su chacra en Barriales y que imaginaba una vida tranquila, dedicada a la agricultura y a la crianza de animales. Pero el contexto político argentino frustró ese proyecto.
Cuando intentó regresar al país, la situación política estaba marcada por fuertes enfrentamientos internos. San Martín finalmente decidió no desembarcar en Buenos Aires y regresó a Europa.
Vivió en distintos lugares, entre ellos Bélgica y Francia, hasta establecerse finalmente en Boulogne-sur-Mer, donde murió el 17 de agosto de 1850.
Sus últimos días y una salud muy deteriorada
San Martín llevaba años enfrentando distintas enfermedades, pero sus últimos días fueron relativamente tranquilos dentro de su delicado estado de salud.
Su hija Mercedes y sus nietas estuvieron cerca de él, mientras que su yerno, Mariano Balcarce, que era médico, también formó parte de su entorno familiar.
Según los relatos históricos, San Martín murió mientras se encontraba en su casa de Boulogne-sur-Mer. Tenía 72 años.
Una vida sin obsesión por la fama ni el dinero
Otro de los aspectos destacados durante la entrevista fue la relación de San Martín con el dinero y el poder.
El general no murió en la pobreza, pero tampoco acumuló una gran fortuna. Contaba con pensiones otorgadas por los países que había contribuido a independizar, aunque en determinados períodos esos pagos estuvieron condicionados por las circunstancias políticas.
Para López, San Martín nunca tuvo como objetivo central obtener riquezas o reconocimiento personal.
Su legado, sostuvo, está relacionado con la libertad de los pueblos que ayudó a emancipar y con las medidas destinadas a terminar con distintas formas de sometimiento.
San Martín, un libertador y no un conquistador
El historiador puso especial énfasis en esta diferencia.
San Martín no buscó construir un imperio ni quedarse con los territorios que ayudó a liberar. Su proyecto estuvo orientado a terminar con el dominio colonial y permitir que los pueblos pudieran decidir su propio destino.
También recordó su intervención en favor de sectores indígenas y afrodescendientes y su postura frente a la esclavitud.
“Es libertador, no conquistador”, sintetizó López, al considerar que esa característica explica buena parte de la dimensión histórica de San Martín.
A 176 años de su muerte, la figura del general continúa siendo una referencia central para los argentinos. El hombre que cruzó los Andes, organizó ejércitos y participó en la emancipación de Argentina, Chile y Perú también fue un lector, un impulsor de la educación y un hombre que, lejos de buscar la gloria personal, soñó con terminar sus días en la tranquilidad de Mendoza.
Quizás allí radique una de las claves de su permanencia en la memoria colectiva: San Martín no solo luchó por la libertad, sino que también imaginó qué hacer con ella una vez conseguida.