Tras su participación en el video del Gobierno por los 50 años del golpe de Estado, Miriam Fernández dio detalles del proceso judicial que la llevó a realizarse el ADN, cómo vivió ese momento y la postura que hoy tiene sobre su historia.
En el marco del 24 de marzo, Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el Gobierno nacional difundió un video institucional por los 50 años del golpe de Estado de 1976. La pieza, de más de una hora de duración, incluye distintos testimonios en primera persona.
Uno de ellos es el de Miriam Fernández, una mendocina que recuperó su identidad en 2017 y que forma parte de los casos de restitución de nietos.
Fernández se presenta y resume su historia: “Mi nombre es Miriam Fernández, soy nieta restituida, la número 127. Recuperé mi identidad en el 2017”.
A partir de su participación en el video plantea por qué decidió dar su testimonio: “Hubo muchas cosas que no se contaron”.
Fernández cuenta que desde chica sabía que no era hija biológica de quienes la criaron, aunque durante años eligió no avanzar en la búsqueda. Esa decisión cambió con una intervención judicial. “Mi historia yo la supe toda la vida, supe que no era hija natal. Cuando fui creciendo y tuve una madurez, quise saber mi realidad, pero elegí no hacerlo”.
Sobre la citación que recibió, detalló: “En el 2010, a raíz de una citación por el juzgado, había dos opciones: dar muestra genética con consentimiento o que allanen mi casa para sacar muestras de mis prendas”.
Ese momento, según relató, fue difícil: “Fue un momento de mucha angustia. Yo estaba a punto de cumplir los 40, lo sufrí mucho. Me sentí acorralada, no quería saber nada”.
Incluso contó que intentó evitar que el resultado fuera concluyente: “Yo me había puesto ropa interior de mis hermanas, para entregar esa muestra y que saliera el ADN negativo. Después me explicaron en qué consistía y entendí que no tenía sentido”. Y agregó: “El solo hecho del roce con mi piel ya dejaba muestras genéticas, o sea que no tenía sentido hacer todo lo que había hecho. Me sentí muy acorralada, con mucha angustia porque yo no quería”.
Finalmente, decidió someterse al estudio: “Fui con un amigo que era abogado y ahí decidí hacerme el ADN. Me sentí muy acorralada, con mucha angustia porque yo no quería”.
Fernández se refirió a su historia familiar y a lo que fue conociendo con el tiempo: “De hecho, mi madre biológica confesó que había puesto una bomba en la rotonda del avión para la universidad en el Mendozazo, por eso la buscaban. Entonces esas cosas yo no las comparto”.
A partir de esa experiencia, plantea su posición: “No puedo estar a favor de ningún lado ni del otro, pero yo quiero la historia como una historia. Es blanquear y decir la verdad, por más dolorosa que sea, de un lado y del otro”.
“Hubieron hijos muertos, maridos muertos, inocentes muertos. Entonces, no podemos mirar para adelante en un país y sanar un pasado cuando no se cuenta la verdad, no es ni reivindicar ni uno ni el otro, es decir la verdad, solamente eso“, concluyó.