El consumo de carne vacuna continúa en niveles históricamente bajos y las familias mendocinas buscan alternativas más económicas, como el pollo y el cerdo, para sostener el consumo de proteínas.
El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa un período de fuerte retracción y el impacto comienza a sentirse cada vez más en las compras de las familias. Aunque desde el sector aseguran que los precios no registraron movimientos bruscos en las últimas semanas, el poder adquisitivo continúa siendo un factor determinante a la hora de decidir qué llevar a la mesa.
La carne vacuna continúa entre las preferencias de los argentinos, pero el precio de los distintos cortes hace que muchas familias reduzcan las cantidades o directamente busquen otras opciones.
En Mendoza, esta situación también se refleja en las carnicerías, donde los consumidores comparan precios y priorizan alternativas que permitan rendir más el presupuesto.
Cuánto cuesta preparar un asado
Uno de los ejemplos más claros aparece al momento de organizar un asado. Para comprar algunos de los cortes tradicionales, actualmente hay que contemplar valores que pueden ubicarse aproximadamente entre $15.000 y $20.000 por kilo, dependiendo del corte y del comercio.
Entre las opciones que suelen formar parte de una parrillada aparecen el vacío, punta de espalda, tapa de nalga y costillas, aunque la elección termina condicionada por el presupuesto disponible.
El costo de una comida para varias personas puede aumentar rápidamente cuando se suman otros productos indispensables para el asado, como bebidas, pan, carbón o leña.
Por eso, para muchas familias, el asado tradicional pasó de ser una comida habitual a una opción que requiere mayor planificación.
Pollo y cerdo, las alternativas que ganan terreno
Ante el aumento del costo de la carne vacuna, el pollo y el cerdo aparecen como alternativas cada vez más utilizadas.
La diferencia de precios puede ser significativa y, según los valores mencionados por comerciantes del sector, algunos cortes de cerdo pueden encontrarse entre 50% y 70% más baratos que determinadas opciones de carne vacuna.
La ecuación es sencilla para el consumidor: comprar una menor cantidad de carne vacuna y completar la comida con pollo o cerdo permite mantener el consumo de proteínas sin destinar una parte tan importante del presupuesto.
“Compro algo de cerdo, un poco de pollo y un poquito también de novillo”, es la lógica que resume el cambio de hábitos que atraviesan muchas familias.
Menos carne vacuna y cambios en los hábitos de consumo
La caída del consumo no implica necesariamente que los argentinos hayan dejado de elegir la carne vacuna. En muchos casos, el cambio pasa por comprar menos cantidad, elegir cortes más económicos o reemplazar parte de la compra por otras carnes.
La pérdida de poder adquisitivo obliga a las familias a priorizar el rendimiento de cada compra y comparar precios antes de decidir.
Aunque el sector comercial sostiene que los precios de la carne vacuna no tuvieron modificaciones considerables recientemente, el problema aparece cuando se analiza el valor de los productos en relación con los ingresos.