La seguidilla de movimientos telúricos afectó a distintas regiones del país asiático, con heridos en Tokio y un segundo sismo frente a Hokkaido que, aunque no dejó daños, mantuvo la tensión en la población y obligó a reforzar controles sobre infraestructura crítica.
La madrugada del 23 de agosto volvió a poner a Japón en el centro de la atención mundial. En menos de un día, el país experimentó dos terremotos de magnitud considerable, que reavivaron la preocupación por la actividad sísmica en el archipiélago.
El primero, de 5,9 grados, se registró en la región de Kanto y dejó al menos 37 heridos, además de cortes de energía y problemas en el suministro de agua en varios barrios de Tokio. Horas más tarde, un segundo movimiento de 6,0 grados sacudió la costa norte de Hokkaido, sin provocar víctimas ni daños materiales.
Según la Agencia Meteorológica de Japón, el primer sismo tuvo epicentro en el sur de Ibaraki, a unos 70 kilómetros de profundidad. Fue percibido con intensidad en Tokio y prefecturas vecinas, alcanzando nivel 5 débil en la escala sísmica japonesa. El impacto se reflejó en la vida cotidiana: rotura de tuberías, calles anegadas, demoras en trenes hacia el aeropuerto de Narita y cortes de luz en unas 460 viviendas. El Shinkansen, símbolo del transporte nipón, logró mantener su servicio sin interrupciones.
El segundo terremoto, registrado a las 22:44 hora local frente a Hokkaido, tuvo epicentro en el mar a unos 42 kilómetros de profundidad. Alcanzó nivel 4 en localidades como Urakawa y Hakodate, pero no generó daños ni heridos. Aunque la magnitud fue similar, la ubicación y características del evento redujeron su impacto. En ambos casos, las autoridades descartaron riesgo de tsunami.
La primera ministra Sanae Takaichi activó el Centro de Gestión de Crisis tras el primer sismo y pidió a la población mantenerse alerta ante posibles réplicas. En paralelo, se realizaron inspecciones en centrales nucleares como Tokai 2 y Fukushima, que confirmaron funcionamiento normal y ausencia de variaciones en los niveles de radiación. Este punto es clave, ya que la memoria del desastre de 2011 sigue presente en la sociedad japonesa.
Los especialistas remarcan que Japón se encuentra en el Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas tectónicas más activas del planeta. La sucesión de dos sismos en menos de un día no es inédita, pero sí evidencia la necesidad de mantener protocolos de evacuación y sistemas de respuesta en constante actualización. La reciente tragedia de Kumamoto, donde un terremoto de 7,1 grados dejó 38 muertos en julio, refuerza la percepción de que el país atraviesa un período de alta actividad sísmica.