Un informe de la UCA reveló que el 42,5% de los niños, niñas y adolescentes se encuentra en situación de pobreza en 2026. Además, el 37,5% tuvo dificultades económicas para acceder a ropa o calzado y casi 1 de cada 10 vive en condiciones de indigencia.
La pobreza infantil en Argentina continúa afectando a millones de chicos y adolescentes, pese a la mejora registrada después del máximo alcanzado en 2024. Un nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA mostró que actualmente 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes son pobres.
De acuerdo con el estudio, el 42,5% de los menores de 18 años se encuentra por debajo de la línea de pobreza, mientras que el 9,5% atraviesa una situación de indigencia. Si bien los indicadores muestran una reducción respecto del pico registrado en 2024, la magnitud del problema continúa siendo elevada.
El informe también advierte que las consecuencias de la falta de ingresos van mucho más allá de la alimentación. La privación económica afecta la posibilidad de acceder a ropa y calzado, pero también puede repercutir en la escolaridad, los vínculos sociales y el bienestar emocional.
Pobreza infantil: el 42,5% de los chicos está en esa situación
Los datos del ODSA-UCA muestran una evolución marcada por fuertes variaciones durante los últimos años.
La pobreza infantil alcanzó el 51,3% en 2020 y subió al 53,4% en 2021. Luego descendió al 51,2% en 2022, pero volvió a incrementarse hasta llegar al 55,7% en 2023.
El mayor salto se produjo en 2024, cuando el indicador alcanzó el 70,4%, el máximo histórico de la serie mencionada por el informe.
Desde entonces comenzó una tendencia descendente. En 2025 se registró una reducción y para 2026 el indicador llegó al 42,5%.
Esto significa que, aunque la pobreza infantil disminuyó considerablemente respecto del máximo registrado dos años atrás, más de cuatro de cada diez chicos todavía viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades consideradas básicas.
Uno de cada 10 niños vive en la indigencia
La situación es todavía más crítica cuando se observa el indicador de indigencia infantil. Según el informe, el 9,5% de los niños y adolescentes se encuentra en esta condición. En otras palabras, casi uno de cada 10 chicos vive en hogares cuyos ingresos no alcanzan siquiera para cubrir una canasta básica de alimentos.
El estudio también identifica un fenómeno que se mantiene a lo largo de toda la serie: los hogares donde viven niños, niñas y adolescentes presentan niveles de pobreza superiores a aquellos sin menores de edad. La UCA denomina a esta situación “infantilización de la pobreza”.
El impacto de la pobreza: dificultades para comprar ropa y calzado
Uno de los datos que más expone las consecuencias cotidianas de la pobreza es el relacionado con el acceso a la indumentaria.
El informe señala que el 37,5% de los niños y adolescentes tuvo dificultades económicas para comprar ropa o calzado durante el último año.
La falta de recursos para acceder a prendas o zapatillas no representa solamente una carencia material. Para muchos chicos también puede convertirse en una barrera para integrarse con sus compañeros y participar plenamente de la vida escolar y social.
Desde el Observatorio remarcaron que la vestimenta funciona también como un elemento de identidad y pertenencia, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
Cómo impacta la pobreza en la escuela
Las dificultades económicas también tienen consecuencias sobre la trayectoria educativa. Según el relevamiento, el 36,8% de los niños y adolescentes presentó problemas vinculados con el aprendizaje escolar.
El informe plantea una relación entre las privaciones materiales y las experiencias dentro de la escuela. No contar con ropa o calzado similar al de sus compañeros puede generar vergüenza, afectar la integración con el grupo y, en determinados casos, reducir las ganas de asistir a clases.
El impacto de la situación económica también aparece en las relaciones sociales y en el bienestar emocional.
El estudio de la UCA indicó que el 27,3% de los niños y adolescentes tuvo dificultades para hacer amigos, mientras que el 18,1% atravesó situaciones de malestar emocional.
AUH y Tarjeta Alimentar, claves para reducir la pobreza infantil
El informe también analizó el impacto de las principales políticas de asistencia social destinadas a hogares con niños.
Según las estimaciones del ODSA, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar explicaron más del 90% de la reducción estimada de la pobreza infantil y cerca del 97% al 98% de la disminución de la indigencia infantil.
La incidencia es especialmente importante en el caso de la indigencia. De acuerdo con el análisis, sin estas transferencias el nivel de indigencia infantil sería considerablemente mayor.
Sin embargo, desde el Observatorio advierten que estas políticas funcionan como un mecanismo de contención y que todavía persisten niveles elevados de pobreza entre niños y adolescentes.
Cuánto cubren actualmente las transferencias sociales
El poder de compra de las transferencias destinadas a los hogares también atravesó distintas etapas durante los últimos años. Durante el peor momento de 2024, la AUH y la Tarjeta Alimentar permitían cubrir aproximadamente entre el 12% y el 28% de la canasta básica alimentaria, según el caso. En 2026, esa cobertura se recuperó y pasó a ubicarse aproximadamente entre el 39% y el 62%.