El herpes zóster, conocido como culebrilla, es la reactivación del virus de la varicela y puede aparecer años después, con síntomas dolorosos. Cuáles son las señales de alerta, los mitos más comunes y cómo se puede prevenir.
El herpes zóster, conocido popularmente como culebrilla, es una afección causada por el mismo virus que produce la varicela y que puede reactivarse años después, especialmente en situaciones de estrés o cuando bajan las defensas.
“El herpes zóster es la reactivación del virus de la varicela. Todas las personas que tuvieron varicela alguna vez en la vida tienen ese virus dentro del organismo, en estado de latencia, como dormido”, explicó el infectólogo Ignacio Vittar.
Según detalló el especialista, ante determinadas condiciones como el estrés, enfermedades o el debilitamiento del sistema inmunológico el virus puede volver a activarse y manifestarse en la piel.
Antes de que aparezcan las lesiones visibles, el herpes zóster suele comenzar con dolor. “La principal manifestación inicial es el dolor. Es una sensación de quemazón, ardor u hormigueo muy molesto, que aparece varios días antes de que se vean las lesiones en la piel”, señaló Vittar.
Luego, entre tres y cinco días después, surgen las lesiones características: pequeñas ampollas agrupadas, con líquido en su interior. “Esas ampollitas contienen el virus”, aclaró el infectólogo.
Las zonas más afectadas suelen ser el tórax (más del 50% de los casos), la cara (a través del nervio trigémino) y la región lumbar. “Puede aparecer prácticamente en cualquier parte del cuerpo, pero siempre sigue el trayecto de un nervio sensitivo”, indicó.
Además del dolor y el zarpullido, algunas personas pueden presentar fiebre, dolor de cabeza, cansancio, sensibilidad a la luz y picazón intensa.
El herpes zóster es más común de lo que se cree y su frecuencia aumenta a partir de los 50 años. “Puede aparecer en personas jóvenes, pero en esos casos es importante evaluar que no exista algún problema en el sistema inmune que favorezca la reactivación del virus”, explicó Vittar.
Existen numerosas creencias populares en torno a esta enfermedad. Una de las más conocidas es la idea de que “si la culebrilla da la vuelta completa al cuerpo, puede ser mortal”. Al respecto, el infectólogo fue claro: “No es cierto. El virus se reactiva en un nervio sensitivo y por eso, en general, las lesiones aparecen de un solo lado del cuerpo. Que se junten de ambos lados no implica mayor gravedad por sí misma”.
Otro mito común es que la enfermedad puede aparecer por no planchar la ropa. “Eso no es real. El herpes zóster no se transmite por la ropa, es una reactivación de un virus que ya está en el cuerpo”, aclaró.
También desaconsejó los remedios caseros. “El problema de aplicar sustancias como tinta china es que pueden retrasar la consulta médica y favorecer infecciones en la piel. Lo ideal es iniciar tratamiento antiviral dentro de las primeras 72 horas”, remarcó.
El tratamiento se basa en antivirales, siendo el aciclovir uno de los más utilizados. “El inicio precoz del tratamiento permite que las lesiones sean menos extensas, que el cuadro dure menos y reduce el riesgo de una complicación muy dolorosa, que es la neuralgia post herpética”, explicó Vittar.
Las lesiones suelen resolverse en dos o tres semanas, pero el dolor residual puede persistir. “Cuando el dolor dura más de 90 días, hablamos de neuralgia post herpética”, advirtió.
Actualmente existe una vacuna eficaz para prevenir esta enfermedad, disponible en el sector privado. “Es una vacuna recombinante, inactivada, que no contiene virus vivos, por lo que puede aplicarse incluso en personas con problemas de inmunidad”, explicó el infectólogo.
El esquema consta de dos dosis, separadas por seis meses. “Ha demostrado una eficacia mayor al 90% tanto para prevenir el herpes zóster en las personas que no lo han tenido como la neuralgia post herpética”, destacó.
Además, estudios recientes asocian la vacunación con beneficios adicionales. “El virus puede afectar la pared de las arterias. Al prevenir su reactivación, también se reducen complicaciones cardiovasculares”, señaló Vittar.
Cada dosis ronda actualmente los 320 mil pesos. Sin embargo, existen descuentos. “Algunas obras sociales cubren un porcentaje con prescripción médica y también hay programas de descuento en farmacias y vacunatorios privados”, concluyó.