“Todo lo que tengo lo hice trabajando acá”: la historia del zapatero italiano de 81 años que eligió Mendoza para vivir

“Todo lo que tengo lo hice trabajando acá”: la historia del zapatero italiano de 81 años que eligió Mendoza para vivir

Mendoza

Llegó al país en los años 50 con su familia, aprendió el oficio desde chico y hoy, décadas después, sigue trabajando en su zapatería.

Domingo Mayo tiene 80 años. Nació en Catania, Italia, y siendo apenas un niño cruzó el océano junto a su familia en busca de un futuro mejor en Argentina, más precisamente en Mendoza

El pasaje nos lo mandó un tío que vivía en Mendoza. No había trabajo, no había nada allá”, recuerda. El viaje fue largo: 21 días en barco, el Santa Fe, hasta llegar a un país que terminaría siendo su hogar definitivo.

Apenas llegó, la vida lo empujó al oficio que lo acompañaría siempre. A los 13 años empezó a trabajar en un taller de compostura de calzado. Allí conoció a quien sería clave en su historia: un maestro zapatero italiano, Camarda. “Fue como un padre para mí. Me enseñó todo”, cuenta. Desde entonces, no dejó nunca más la zapatería.

Hace 37 años que atiende su local en una galería de la Ciudad de Mendoza. Entre máquinas, suelas y herramientas que parecen de otra época, Domingo sigue reparando calzado con la misma dedicación de siempre. “Ser zapatero es un orgullo, lo llevo en el alma. El día que no vengo, me falta algo”, dice.

En su pequeño espacio de trabajo, cada herramienta tiene su historia. Una pulidora, un rodillo, una fresa. Todo forma parte de un proceso casi artesanal que busca dejar cada zapato “perfecto”. “Primero se empareja la suela, después se termina bien la orilla, se lustra y se entrega como nuevo”, explica con paciencia.

Sin embargo, reconoce que el rubro cambió. “Antes eran diez zapatos y una zapatilla. Ahora es al revés: doce zapatillas y un zapato”, dice, reflejando cómo evolucionaron los hábitos de consumo.

A pesar de la caída en algunos trabajos, el taller sigue en marcha. Reparan desde calzado hasta valijas. “Trabajo hay, por suerte”, agrega.

Pero su vida no fue solo la zapatería. También tuvo otra pasión: el ciclismo. Compitió en distintas provincias como La Paz y San Luis, y hoy guarda con orgullo esos recuerdos en su casa de Las Heras, donde las paredes están llenas de fotos y trofeos.

Domingo formó su familia en Argentina. Tiene tres hijos y una vida construida a base de esfuerzo. “Todo lo que tengo lo hice trabajando acá. Soy italiano, pero también soy argentino. Y voy a morir en Argentina”, afirma sin dudar.

Aunque nunca volvió a su país natal, mantiene un sueño intacto: regresar a Italia quizás el próximo año.

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