Cómo saber si pertenecés a la generación Silver y qué la hace única

Cómo saber si pertenecés a la generación Silver y qué la hace única

Un grupo etario que combina experiencia, vitalidad y curiosidad está transformando la manera de vivir después de los 50, con hábitos activos, uso consciente de la tecnología y una mirada renovada sobre el presente.

La llamada generación Silver, integrada por hombres y mujeres de entre 50 y 65 años, está redefiniendo el concepto de envejecimiento en Argentina y el mundo. Nacidos entre 1961 y 1976, este grupo etario se encuentra en una etapa vital que combina experiencia, madurez y nuevas oportunidades. Según especialistas, se trata de una “revolución silenciosa” que pone en valor la diversidad generacional y cuestiona los prejuicios sobre la edad.

Lejos de la idea de retiro pasivo, los Silver se muestran activos en múltiples ámbitos: desde la dirección de empresas y proyectos hasta la práctica de deportes como trekking y escalada. Una de las protagonistas del informe, Susana Reynieri, lo resume con claridad: “Tengo 57 años y pertenezco a la generación Silver”. En la misma línea, Verónica, próxima a cumplir 64, asegura que esta etapa le permite sentirse vital y con ganas de nuevos desafíos.

Los especialistas destacan que este grupo enfrenta una paradoja similar a la adolescencia: demasiado grande para ser joven y demasiado joven para ser considerado viejo. “No estamos todavía perimidos para el sistema social y todavía somos útiles y activos, pero ya sentimos que el cuerpo nos marca otra cosa”, señala el psicologo Walter Motilla. Esa tensión se convierte en motor de reinvención, con emprendimientos y proyectos que reemplazan el trabajo tradicional en relación de dependencia.

La tecnología aparece como un rasgo distintivo. A diferencia de los nativos digitales, los Silver crecieron en un mundo analógico y hoy utilizan las herramientas digitales con criterio. “Nos criamos analógicamente. Tenemos lo bueno de haber conocido el otro mundo también y eso hoy nos pone en ventaja. La inteligencia artificial no es nuestro padre, sino nuestro hijo”, afirma uno de los entrevistados, destacando la capacidad de esta generación para discernir entre lo útil y lo descartable.

La mirada sobre la vejez también se transforma. En palabras de los protagonistas, la sociedad sigue siendo gerontofóbica, pero los avances en medicina y calidad de vida permiten que llegar a los 60 ya no sea sinónimo de “ser viejo”. “Hoy, con los avances de la medicina, la salud es mucho mejor que hace 50 o 70 años, donde tener 60 años era ser viejo”, remarcan. La ONU estima que para 2030 la generación Silver representará el 27% de la población mundial, consolidando su peso social y económico.

Las historias personales reflejan esta vitalidad. Una mujer relata: “Empecé a entrenar caminando, ahora ya corro. Hacemos senderos, escalamos cerros. He ido hasta la Plaza de Mulas”. Otra agrega: “Muy bien desde que descubrí que moverse y no estar todo el día viendo cine o televisión te salva la vida”. Estos testimonios muestran cómo el deporte y la vida social se convierten en pilares de bienestar y fortaleza emocional.

Finalmente, la generación Silver reivindica la riqueza de haber atravesado múltiples procesos históricos y personales. “Somos hijos de la dictadura, nos hemos criado en ese contexto y aprendimos a lidiar nosotros mismos con las cosas”, recuerda Motilla. Esa experiencia, sumada a la madurez emocional, les otorga una resiliencia que, según ellos mismos, no se tiene a los 30 años. En palabras de una protagonista: “Es una etapa realmente muy rica en todo sentido, espiritualmente y emocionalmente, porque tenés una fortaleza que a los 30 años no la tenés”.

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