Un estudio internacional publicado en JAMA Health Forum advierte que el consumo de cannabis en la adolescencia puede duplicar el riesgo de desarrollar trastornos psicóticos y bipolares en la adultez, en un contexto de creciente naturalización y mayor potencia de las sustancias disponibles.
Un reciente estudio internacional encendió las alarmas sobre el impacto del consumo de cannabis en la adolescencia. La investigación, publicada en JAMA Health Forum, señala que quienes consumen marihuana entre los 13 y 17 años pueden duplicar el riesgo de desarrollar trastornos psicóticos y bipolares en el inicio de la adultez.
El trabajo siguió durante casi siete años a más de 500.000 jóvenes y evaluó su evolución hasta los 26 años. Los resultados mostraron un aumento significativo de diagnósticos como esquizofrenia y trastornos maníaco-depresivos en quienes habían consumido cannabis de manera temprana.
Evidencia científica y preocupación creciente
El toxicólogo Sergio Saracco explicó que estos datos vienen a reforzar advertencias que la comunidad médica sostiene desde hace tiempo: el consumo en edades tempranas no es inocuo y tiene consecuencias concretas en el desarrollo cerebral.
Según detalló, el cerebro comienza su formación en la tercera semana de gestación y culmina su maduración entre los 18 y 20 años. Durante ese período es especialmente vulnerable. El cannabis puede afectar:
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La formación de ideas y el pensamiento crítico
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La memoria reciente
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Los reflejos
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La capacidad de iniciar y finalizar acciones
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La percepción del tiempo y la distancia
Además, conducir bajo los efectos de la marihuana aumenta casi tres veces el riesgo de accidentes viales.
Mayor potencia, mayor riesgo
Uno de los puntos que más preocupa a los especialistas es el aumento en la concentración de tetrahidrocannabinol (THC), el principal componente psicoactivo del cannabis.
Décadas atrás, la marihuana tenía concentraciones de THC del 2% al 3%. Actualmente, debido a modificaciones genéticas y técnicas de cultivo, puede superar el 20%. A esto se suman preparados concentrados y dispositivos como los vapeadores, que contienen dosis aún más elevadas.
“El problema es que hoy, en una sola exposición, se puede consumir el equivalente a varios cigarrillos de marihuana de los que circulaban hace algunas décadas”, explicó el especialista.
Efectos que perduran en el tiempo
A diferencia del alcohol, que es hidrosoluble y se elimina relativamente rápido del organismo, el THC es liposoluble. Esto significa que se acumula en las grasas del cuerpo y se libera lentamente, prolongando sus efectos durante 24, 48 o incluso 72 horas.
Esto no solo impacta en el rendimiento escolar, deportivo o laboral, sino también en la salud mental. En personas con predisposición genética o vulnerabilidad previa, el consumo puede actuar como disparador de trastornos que quizás nunca se hubieran manifestado.
Lo que se observa en hospitales
En la práctica clínica, los profesionales advierten un incremento de consultas por episodios psicóticos en jóvenes. Según Saracco, en muchos de estos casos el denominador común es el consumo recreativo de marihuana durante la adolescencia.
También se observa en adultos mayores de 40 años un uso que funciona como “automedicación” para la ansiedad, por su efecto similar al de algunos tranquilizantes. Sin embargo, los efectos secundarios pueden ser más perjudiciales y persistentes.
El llamado a no naturalizar el consumo
Los especialistas insisten en que el debate debe centrarse en la protección del desarrollo cerebral. Así como el alcohol es considerado neurotóxico antes de los 18 años, el cannabis también tiene efectos perjudiciales comprobados.
“El mensaje es claro: marihuana y adolescencia no deben ir de la mano”, remarcan. Informar, educar y dialogar en el ámbito familiar aparece como una de las herramientas fundamentales para prevenir daños que pueden afectar no solo el presente de los jóvenes, sino también su futuro.