Veteranos de la Guerra de Malvinas de Argentina y del Reino Unido harán cumbre en el Aconcagua para promover la paz, la diplomacia y el diálogo entre los pueblos. Además, llevarán un reclamo al Gobierno nacional por las condiciones de postguerra y la atención integral de los excombatientes.
En un gesto que busca trascender heridas y fronteras, veteranos de la Guerra de Malvinas, argentinos y británicos, volverán a verse las caras, pero esta vez lejos del campo de batalla. El escenario elegido es nada menos que el Aconcagua, la montaña más alta de Sudamérica, donde planean sellar un abrazo simbólico para enviar un mensaje claro: los conflictos entre países deben resolverse por la diplomacia y no por la vía armada.
La iniciativa, denominada Proyecto por la paz: cumbre Aconcagua, comenzará el próximo 5 de enero en la Quebrada de Horcones, en la provincia de Mendoza. Desde allí, un grupo reducido de excombatientes iniciará el ascenso con un objetivo que va más allá del desafío físico: convertir la cumbre en un llamado global contra la guerra.
“En cada bombardeo, en cada derribo, hay miles de vidas que se pierden”, repiten los protagonistas de este proyecto que nació en octubre y que, tras meses de preparación, quedó conformado por nueve veteranos argentinos y cinco británicos. También está prevista la presencia de autoridades diplomáticas, entre ellas la embajadora del Reino Unido en Argentina, lo que refuerza el carácter simbólico y político del evento.

Además del mensaje internacional por la paz, los veteranos argentinos llevarán a la montaña un reclamo concreto hacia el Estado nacional. Apuntan a la necesidad de revisar las condiciones de postguerra, especialmente en lo vinculado a la salud física y mental y al acceso a la asistencia social.
Según explican, aún hoy existen dificultades para recibir atención adecuada a través de la obra social de los militares en actividad y retirados. “Después de la guerra, muchos quedaron librados a su suerte, sobre todo en lo psicológico”, señalan, al tiempo que piden que el reclamo sea escuchado no solo por el gobierno actual, sino también por los que vendrán.
La imagen de veteranos argentinos y británicos abrazándose en la cima del Aconcagua genera reacciones encontradas. Para algunos, resulta difícil aceptar ese gesto; para otros, representa un paso necesario hacia la reconciliación entre los pueblos.
En ese sentido, familiares de caídos en Malvinas también se expresaron a favor de la iniciativa. “La gente común no es enemiga de nadie; los conflictos los generan los gobiernos”, sostuvo el hermano del capitán Pedro Giachino, primer argentino caído en la guerra. Sin renunciar al reclamo histórico por la soberanía de las islas, valoró la unión entre excombatientes como un mensaje positivo.
La Cumbre por la Paz no busca reescribir la historia ni cerrar debates pendientes. Aspira, más bien, a abrir una conversación diferente: la de quienes vivieron la guerra en primera persona y hoy eligen levantar la voz —y subir la montaña más alta del continente— para decir que la paz también se construye con gestos. Y que, incluso después de Malvinas, el diálogo sigue siendo posible.