Con el uso intensivo de estufas y calefactores, las autoridades advierten sobre el crecimiento de casos de intoxicación por monóxido de carbono. Se trata de un gas imperceptible y potencialmente mortal.
Con la llegada de las bajas temperaturas y la puesta en funcionamiento de las estufas para calefaccionarse, las intoxicaciones por monóxido de carbono vuelven a encender las alarmas sanitarias en todo el país. Según el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) N° 802, elaborado por el Ministerio de Salud de la Nación, se registra un incremento sostenido en los casos, lo que convierte a este fenómeno en un problema recurrente de salud pública, especialmente por su potencial gravedad: la exposición a este gas puede derivar en cuadros severos e incluso en la muerte.
Qué es el monóxido de carbono y por qué es tan peligroso
El monóxido de carbono (CO) es un gas altamente tóxico que se genera a partir de la combustión incompleta de materiales como gas, leña, carbón, kerosén o combustibles líquidos.
Su peligrosidad radica en que es inodoro, incoloro e insípido, por lo que no puede ser detectado por los sentidos humanos. Esto lo convierte en un “asesino silencioso”, ya que las personas pueden inhalarlo sin advertirlo hasta que aparecen los síntomas o se produce una emergencia.
Una vez en el organismo, el CO ingresa por las vías respiratorias y reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, afectando órganos vitales como el corazón y el cerebro.

La mayoría de las intoxicaciones por monóxido de carbono se producen dentro del hogar. Las principales causas están vinculadas al uso inadecuado o falta de mantenimiento de artefactos como estufas, calefones, termotanques, hornos y braseros.
También influye la ventilación insuficiente de los ambientes. En muchos casos, prácticas como el uso de braseros o parrillas dentro de la vivienda, especialmente en sectores vulnerables, incrementan considerablemente el riesgo, según apuntan los especialistas.
Recomendaciones clave para prevenir intoxicaciones por Monóxido de Carbono
Especialistas y personal de emergencias remarcan la importancia de la prevención para evitar este tipo de incidentes. Entre las principales recomendaciones se destacan:
- Verificar que la llama de los artefactos sea siempre de color azul. Si es amarilla o anaranjada, indica una mala combustión.
- Realizar controles periódicos con un gasista matriculado.
- Mantener siempre una ventilación mínima, dejando una ventana entreabierta.
- No tapar las rejillas de ventilación obligatorias en los ambientes.
- Encender braseros o estufas a leña fuera del hogar y no dormir con ellos encendidos en el interior.
- No utilizar el horno o las hornallas para calefaccionar ni secar ropa.
- Revisar anualmente los conductos de evacuación y chimeneas para evitar obstrucciones.
Además, los especialistas advierten sobre los riesgos de las instalaciones clandestinas o en mal estado, que pueden agravar la situación.